Por qué funciona
Una moto clásica en un escaparate hace algo que un maniquí no consigue: obliga a parar. La gente se detiene, la mira, se acerca al cristal y le hace una foto. Y mientras hace la foto, está mirando tu producto.
Funciona por dos razones. La primera es el volumen: es un objeto grande, con brillo y con formas que no se parecen a nada de lo que hay en la calle. La segunda es la memoria. Casi todo el mundo tiene un padre o un abuelo con una moto así, y eso genera una simpatía que no se compra con dirección de arte.
Lo primero, las medidas
Antes de enamorarte de un modelo concreto, coge el metro. Una moto clásica ocupa en torno a 2,10 metros de largo y 0,80 de ancho según el modelo, y la altura ronda el metro con el manillar. Necesita además un margen alrededor para que se vea entera y no parezca metida a presión.
Y pesa. Entre 120 y más de 250 kilos según la unidad. Si tu escaparate tiene tarima, plataforma elevada o suelo de cristal, dínoslo antes: hay motos ligeras en la colección que resuelven ese problema sin renunciar al efecto.
Por dónde entra
Es la pregunta que se olvida siempre y la que puede tirar el montaje entero. Necesitamos saber el ancho de la puerta, si hay escalón, si hay peldaños y si hay que pasar por un pasillo con curva. Una moto se puede desmontar parcialmente para entrar por un hueco estrecho, pero eso hay que preverlo, no descubrirlo el día del montaje con el camión en doble fila.
Si el local está en calle peatonal con horario de carga restringido, también nos lo tienes que decir. Nos organizamos, pero con aviso.
El suelo y la gasolina
Dos cosas prosaicas que marcan la diferencia entre un escaparate impecable y un disgusto.
Las motos de esta edad marcan el suelo: el caballete se clava y alguna gota puede aparecer donde no toca. Llevamos protección siempre, pero si el suelo es delicado (parqué, microcemento pulido, moqueta clara) conviene decirlo para reforzarla.
Y para exposición estática la moto va sin combustible. Ni huele, ni gotea, ni supone ningún riesgo dentro de un local cerrado.
Cuánto tiempo se queda
Aquí está la buena noticia. El escaparatismo no se paga como un rodaje: cuanto más tiempo se queda la moto, más barato sale el día. Las estancias largas y las campañas de varias semanas tienen sus propias condiciones, y si necesitas varias unidades para una cadena de tiendas, también.
Un montaje de temporada, una inauguración, una campaña de Navidad o el mes entero de una promoción: dinos las fechas y te cerramos el precio.
Qué moto para qué producto
Moda y ropa de hombre: bicilíndricas británicas de los 50 y 60, que es la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza. Una BSA Gold Flash o una Triumph Thunderbird no fallan.
Relojería, joyería y producto de lujo: piezas anteriores a 1940, donde el latón y el níquel hablan el mismo idioma que la vitrina. La Ariel SQ4 o la Harley-Davidson de 1916.
Cafeterías, barberías y hostelería: motos pequeñas de los 20 y 30, que caben donde no cabe nada y llenan un rincón entero.
Aniversarios de marca: la moto del año que celebras. Si la marca cumple cien años, tenemos motos de 1916 a 1926 para acompañar la cifra.
Conclusiones
Un escaparate con una moto clásica se resuelve con dos conversaciones: una sobre lo que quieres contar y otra sobre puertas, escalones y suelo. La primera es la divertida, la segunda es la que hace que todo salga bien.
Mándanos una foto del escaparate y las medidas de la puerta. Con eso empezamos.
